
- Bibi Titi Mohammed y la lucha por la independencia de Tanzania |
La reunión transcurría según lo previsto hasta que el político laborista británico dejó un último pedido: quería conocer a la líder de las mujeres del movimiento. Los dirigentes se miraron entre sí. Esa líder no existía. Era junio de 1955, en la colonia británica de Tanganyika, y el enviado europeo había viajado a África para comunicarles a los independentistas que contaban con su apoyo, pero no debían recurrir a la violencia. Tras unos segundos de desconcierto, sabiendo que no podían confesar la verdad, prometieron presentársela al día siguiente. Esa misma tarde, uno de ellos salió a buscar a Bibi Titi Mohammed. A la mañana siguiente, entró en la oficina del partido y se presentó como la líder. Nadie imaginaba que estaba a punto de convertirse en el motor que movería a todo un país.
Había nacido en 1926 en Dar es Salaam, capital de la colonia. Hija de un comerciante y de una madre agricultora, asistió a la escuela hasta cuarto grado y, a los 14 años, fue casada con un hombre mucho mayor. Pero Bibi tenía pensada para sí una vida de rebeldía y ninguna imposición iba a detenerla. Aquel mismo día, cuando salió de la reunión, se puso a trabajar. Se valió de las ngoma -los grupos tradicionales de baile donde las mujeres ya se reunían-, para llevar la política a cada barrio. En pocos meses, la afiliación femenina pasó de 2.000 a 5.000 personas. Sin descanso, recorrió el país dando mítines y llevando el reclamo independentista a cada rincón.
El 9 de diciembre de 1961, tras años de lucha, Tanganyika se independizó y su compañero de militancia Julius Nyerere quedó al frente del gobierno. Era un triunfo colosal, pero ella sabía que la revolución se construía en el día a día. En una sociedad que relegaba a las mujeres, sostenía que quienes habían conquistado la independencia merecían ser parte de ella. Desde su banca de diputada presidió una organización cuyas militantes recorrían las aldeas para conocer de cerca las problemáticas: desde la falta de escuelas y agua hasta las precarias condiciones de salud.
En 1964, Tanganyika y Zanzíbar se unieron para formar la República Unida de Tanzania. Vendrían por delante nacionalizaciones de empresas e industrias, impuestos para redistribuir la riqueza y medidas contra el racismo. Pero todo estaba por cambiar para Bibi. En 1965 perdió su banca y, en desacuerdo con algunas de las nuevas disposiciones políticas, se distanció de Nyerere. En 1969 la acusaron de alta traición por un supuesto complot golpista y, aunque sostuvo su inocencia, en 1971 la condenaron a prisión. Su esposo la abandonó, propios y extraños le dieron la espalda y quedó al margen de una historia que ella misma había escrito. Tras dos años, Nyerere conmutó su sentencia, pero nunca volvió a ser la misma y, lejos de la vida pública, falleció el 5 de noviembre de 2000. Hoy, el legado de esa mujer que consiguió movilizar a miles de mujeres y convertirlas en protagonistas -aun cuando la independencia era un sueño lejano- perdura en su pueblo.

