Por Ricardo Ramos | Pablo Vázquez | Roque García Carro * |

De los muchos hechos históricos terminados en azo, que articulan una serie de conflictos sociales de los más significativos del territorio argentino, se desprende lo que se denominó Barilochazo. Un proceso social en el cual el pueblo barilochense se unió en rebeldía con un fin en común. Sin embargo, debemos mencionar que no solo fue una reacción popular ocurrida el 28 de julio de 1970, donde el pueblo de una de las ciudades más turísticas del país se manifestó en contra de la designación de un intendente digitado por parte del gobernador de facto Requeijo, hijo de la dictadura de Onganía; sino que también se manifestó en contra de una concesión de tierras públicas a la Fundación Bariloche (FB), en el área boscosa del Llao Llao.
Detengámonos en la primera acción
La llegada sorpresiva a la ciudad de S. C. de Bariloche del ministro de Gobierno de la provincia de Río Negro Acuña Anzorena, el 22 de julio, puso en vilo a gran parte de la población. Efectivamente, el funcionario arribaba a la localidad con el objetivo de hacer cumplir el decreto del Poder Ejecutivo Provincial N° 590, que designaba como intendente al escribano bonaerense Robespierre Panebianco.
Visto esto, el pueblo convocó a una asamblea en la biblioteca Sarmiento para poder abordar la situación. La cita fue el sábado 25 de julio, el encuentro, que duró cuatro horas, marcó uno de los puntos clave de la organización popular de lo que se conocería como Barilochazo. El semanario Bariloche. Una voz al servicio de la justicia, emitido el 29 de julio de ese mismo año y a la luz de lo acontecido, remarca: «La citación, que señalaba dos temas a la asamblea, sirvió de base. De este modo, la cuestión de la cesión de tierras a FB se desglosó en dos; por un lado, se pasaba a cuarto intermedio para tratar específicamente el tema de las tierras de Fundación y se acordaba plantear al Gobierno el sentimiento de rechazo por todos los avasallamientos que había sufrido la comuna. En cuanto al nombramiento del futuro intendente, se decidía exigir -para algunos se trataba de solicitar- que fuera de Bariloche. Se pediría al gobernador que presentara una terna de vecinos de esta ciudad que sería ‘sometida a consultas en entidades y asociaciones de todo tipo’».
¿En qué devino la asamblea popular y qué sucedió con el nombramiento comunal? A partir de este escenario, se creó una Junta de Responsables de los sucesos futuros, es decir, una suerte de órgano popular encargado de llevar adelante un plan para evitar que el «intendente turista» fuera designado y de configurar diferentes actividades para difundir la información, y así toda la población pudiera participar de las tareas programadas para los sucesivos días. El mismo semanario señala:
«Un fiatino, con parlantes en un capot, recorrió esta mañana los barrios de Bariloche invitando a la gente al Centro Cívico a la designación de un turista que nada tenía que ver con la comunidad.
Textos radiales, difundidos por LU 8, invitaban a asistir a la ceremonia de toma de posesión, creándose un equívoco clima participacionista. En verdad se trataba de un llamado a la posibilidad de protesta».
La plaza como epicentro de la soberanía popular
Transcurrieron los días, y llegó aquel 28 de julio de 1970, que quedará marcado en la memoria colectiva como el momento en que la plaza Expedicionarios del Desierto dejó de ser un simple espacio público para convertirse en el símbolo de la resistencia local.
Cerca del mediodía, y mientras la nieve comenzaba a caer sobre la multitud reunida, el clima de tensión crecía frente a un edificio municipal custodiado por las fuerzas de seguridad. La comunidad no estaba allí por un festejo, sino para rechazar a un «intendente turista» que les querían imponer desde la capital provincial. El bonaerense Panebianco era visto como un avasallamiento a la autonomía local.
El aire comenzó a llenarse de cánticos que calentaban el ánimo general -paliando el frío invernal- y expresaban sentimiento de pertenencia y rechazo: «De día o de noche, Bariloche», «Aunque nos metan en cana que se vaya a Campana». La movilización trascendió rápidamente, algunos representantes lograron ingresar al recinto municipal y evitaron la designación de Panebianco.
La prensa local interpreta lo ocurrido como una verdadera experiencia de participación ciudadana. El semanario Bariloche tituló «Ayer fue Cabildo Abierto», realizando un paralelismo con las instancias históricas en la que vecinos y vecinas deliberaban sobre asuntos públicos, en un contexto donde la dictadura militar había eliminado por completo la participación democrática, ciudadana. En este caso, la plaza y el edificio municipal se convirtieron en un escenario donde la comunidad expresó de manera directa su voluntad política. Esto demuestra que, aun bajo regímenes autoritarios, las plazas podían convertirse en un lugar de memoria, reclamo y construcción de legitimidad social.
El triunfo de la comunidad y el intendente local
La presión de la multitud en la plaza sumada a la firmeza que supo dar como respuesta la Junta de Responsables brindaron un desenlace histórico. Los representantes del pueblo lograron entrar a la municipalidad y confrontar a las autoridades provinciales, dejando en claro que no permitirían como administrador de la ciudad a una persona ajena a ella. Ante el temor de la gran protesta y que se desencadenara un conflicto mayor, el Gobierno de la provincia tuvo que dar marcha atrás con la designación de Robespierre. Es así que se derogó el nombramiento de Panebianco, permitiendo que un vecino local conocido por la comunidad, Martín Rodríguez, fuera quien asumiera como intendente interino de la ciudad de Bariloche.
Este hecho no sólo refrendó la victoria de una demanda administrativa, este hecho fue un acto de autodeterminación política popular, en donde el pueblo de Bariloche demostró que no permitiría que pisotearan el derecho de elegir un representante, aun en un contexto dictatorial.
El Barilochazo nos demuestra, una vez más, que la identidad de un pueblo se hace en la defensa de su dignidad, de los derechos y la capacidad de anteponerse conjuntamente cuando existe una ambición individual. Podemos pensar que la jornada en la plaza principal de S. C. de Bariloche de aquel 28 de julio de 1970, que devino de asambleas y coordinación de varias acciones conjuntas, se asemeja a un cabildo abierto moderno, donde los derechos de la mayoría se defendieron en la calle y tomando decisiones políticas.
Como bien se puede leer en los diarios de la época, los derechos obtenidos son un tesoro que deben protegerse de cualquier factor que pretenda dividir a la voluntad popular. El diario Bariloche del 29 de julio de 1970 que titula «Sin interés subalterno» nos deja una esencia que no debemos abandonar y menciona:
«Se trata de un hito sin dudas fundamental. Ojalá que ningún interés subalterno perturbe de hoy en adelante lo que se supo conseguir. El pueblo reunido en el Palacio Municipal, que fue capaz de esa conquista, supo arriesgar también muchas cosas valiosas». No es menor este hecho que aquí tratamos de dar cuenta. Es, en suma, uno más de otros tantos gestados en nuestra Patagonia, con sus particularidades, pero que pone en relieve la importancia de los trabajos de activación de las memorias en coyunturas complejas, imprescindibles para abrir la trama en la discusión histórica.
*Ricardo Ramos: Profesor de Historia. IFDC El Bolsón. Profesor Historia Regional Patagónica (Profesorado de Historia) y Ciencias sociales (Profesorado de Nivel Primario) – Investigador Asesor UBA.
Pablo Vázquez: Profesor de Historia. Ayudante de Cátedra Historia Regional Patagónica.
Roque García Carro: Profesor de Historia. Ayudante de Cátedra Historia Regional Patagónica.
Imagen de portada: Roque García, a partir de fuentes periodísticas.
