EL PROFETA DE LOS DESPOSEÍDOS

  • Thomas Müntzer |

Thomas Müntzer está de rodillas, los brazos atados a la espalda, los ojos sin venda. Lo han capturado dos días atrás en Frankenhausen, donde su ejército de campesinos fue destrozado por las tropas del landgrave Felipe de Hesse y del duque Jorge de Sajonia. Lo encontraron escondido en un sótano, vestido con ropas de campesino. Sus captores, lansquenetes, mercenarios, solo lograron reconocerlo por los documentos que llevaba. Estamos en mayo de 1525 y la guerra de los campesinos alemanes ha sido aniquilada. Y su líder más incómodo, el predicador radical que había denunciado tanto a los príncipes como a Lutero, va a ser decapitado.

Thomas Müntzer nació en Stolberg hacia 1489. Estudió teología y hablaba varios idiomas. Era culto, erudito, pero le faltaba la capacidad de acomodo de Lutero para ser tolerado por el poder. Si bien en un comienzo se interesó por sus ideas disruptivas y reformistas, pronto empezó a encontrar contradicciones irreconciliables que lo obligaron a abrir su propio camino. Lutero quería cambiar la Iglesia; Müntzer soñaba abolir la jerarquía eclesiástica como parte de una profunda transformación social. No bastaba con reformar el clero: había que terminar con todos los opresores, con toda forma de dominio, con la nobleza, con los ricos, con los falsos profetas.

Müntzer impulsó a los campesinos a cuestionar la autoridad feudal alemana y a defender su derecho a ser libres y dignos. Les habló de un dios que no estaba con los reyes, sino con los hambrientos. Así, las aldeas campesinas comenzaron a organizarse, a armarse en defensa. La violencia como arma ante la opresión. Las propiedades feudales fueron atacadas y se escribieron manifiestos que exigían libertad, la abolición del diezmo, el derecho a independizarse. A diferencia de Lutero, que instaba al campesinado a limitarse al trabajo y demandaba a las clases dominantes mantener la paz, Müntzer les recordó nunca confiar en los acuerdos ni las palabras de la nobleza. Mientras uno demandaba matar insurrectos «como se matan a los perros rabiosos», el otro decidía combatir a la par. Así, comenzaba la guerra de los campesinos.

Durante la primavera y el verano de 1524 y 1525, más de 300 mil campesinos insurgentes se levantaron en armas en lo que sería una de las revueltas populares más grandes de la historia europea. Meses después, el 15 de mayo de 1525, Müntzer sería capturado durante la batalla de Frankenhausen. El ejército campesino, mal armado, fue masacrado violentamente. Ahora, había que dar un mensaje más brutal que el temor del infierno. Por eso, el 27 de mayo lo decapitaron en la plaza pública, delante de una muchedumbre que no gritó ni aplaudió. Solo miraba. Algunos lloraban en silencio. Otros se santiguaron. Luego clavaron su cabeza en una estaca para que se pudriera. Su cuerpo fue desmembrado. Nadie debía volver a seguir su ejemplo.