EL DÍA QUE NACIÓ PATRICIO REY

Por Facundo Sinatra Soukoyan |

El 17 de febrero de 1949 nacía bajo el nombre de Héctor Francisco Silva un multifacético artista: artesano, pintor, orfebre, creativo, músico, bohemio y, posiblemente, la personificación de Patricio Rey; todo eso y quizás algunas cosas más fue «el Pancho», un estudiante de Bellas Artes nacido en La Plata y cafayateño por adopción. Una historia que guarda mitos, enigmas y certezas contraculturales inmersas en los valles Calchaquíes.

Una cinta de apenas cuatro minutos guarda la voz de Pancho Silva. Las precisiones son pocas: es una entrevista realizada el 6 de septiembre de 1985 por el entonces director de Cultura de la provincia de Salta, Ramiro Peñalva.

«Es posible que la grabación haya sido realizada en Salta capital o en Cafayate. Este último fue el lugar de residencia de Silva en Salta», surge en la descripción donde se guarda el registro sonoro. «Se deduce que, durante su gestión como director de Cultura de Salta, el Sr. Ramiro Peñalva llevó adelante un ciclo de entrevistas grabadas. Convocó a personalidades destacadas de la cultura y el medio salteño. Uno de ellos fue el reconocido artista multifacético Pancho Silva», completa la descripción.

Aquella cinta es un tesoro. La voz de Silva, poco conocida por fuera de su círculo íntimo, cobra vida y pulsión vital. Abruptamente, el entrevistador pregunta: «¿La formación de Pancho Silva?», a lo que el artista responde: «Nací en febrero del 49, acuario y búfalo, en la ciudad de La Plata. Comencé a dibujar y a pintar desde antes de entrar a la escuela primaria. Cursé la primaria, y mis padres me mandaron a Bellas Artes a través de mi vocación. Soy bachiller en Artes. Después ingresé en la universidad, pero no guardé interés, pareciera ser que la época estaba tan convulsionada, año 67, 66, 68… entonces comencé a viajar; viajando, ahí fue donde descubrí la artesanía como un medio de vida».

Pancho Silva (PH: gentileza)

https://sonidosylenguasargentina.cultura.gob.ar/registros/entrevista-a-francisco-pancho-silva/

EL ARTISTA

En aquella entrevista Silva relata algo de su devenir de vida con el arte: «Comencé a trabajar metal, madera, cuero, pero el que más me entusiasmó fue el metal a través del grabado, entonces comencé a hacer joyas, que es un poco mi especialidad. Ni siquiera sé la cantidad que he hecho, porque hace más de quince años que estoy haciendo trabajos de metal y joyas, a veces pienso que deben de superar las cinco mil joyas en todo ese tiempo. Y siempre, el dibujo, porque en la joya está el diseño, y el color a través de los esmaltes. Mis joyas son grabadas y esmaltadas, y la pintura ahora».

Uno de sus amigos y compañeros de ruta con los que compartió varios proyectos es Julio «Lulo» Kristal, quien recuerda sus primeros contactos con Pancho: «Lo conocí de casualidad, si es que existen las casualidades. Yo estaba en Buenos Aires y en el 87 me fui con otra gente a Humahuaca. Íbamos camino a Catamarca a buscar San Pedro, y nunca llegamos porque el viaje se hizo larguísimo. Entonces llegamos a Cafayate y un amigo en común me dice: ‘¿Dónde querés que paremos?’. Y me da dos opciones: ‘Hay un viejo, que tenía 38, 39 años, Pancho Silva, es un chango que está re loco’. ‘Y bueno, vamos’, le digo, y así lo conocí».

Por otra parte, el músico y docente salteño Gustavo Kantor también tuvo la oportunidad de conocer y frecuentar a Silva. «Pancho era un artesano muy bueno. Tenía su estilo muy personal y pintaba. Se fue a vivir a Cafayate en los 70 y se hizo una casa de barro muy linda con su señora y sus hijos. Era un tipo muy personaje, muy diferente, muy raro, muy original. Tenía sus arranques, sus loqueros, muy setentero, muy del palo hippie-rockero fundacional con toda la mística que él defendía».

La entrevista realizada por el otrora director de Cultura continúa refiriéndose a nuevos caminos, nuevos giros artísticos que el cafayateño por adopción va tomando a lo largo de vida. «Hasta aquí, públicamente al menos, vos eras conocido como metalista. De pronto esto pareciera, al menos para mí, una especie de salto a otra cosa…», pregunta el entrevistador refiriéndose a sus dibujos.

Silva responde: «No… el otro día estaba pensando y decía: ‘¿Cuál fue mi primera pintura?‘. Mi primera pintura fue en el año 1954, cuando tenía cinco años, y guardé montones de pinturas y dibujos que después se perdieron. Entonces no es un salto, sino una vuelta… ¿y el metal por qué? Porque cuando yo llegué a Salta encontré tanta cultura a través de lo que aquí se llama platería que volqué toda mi labor no solo hacia joyas, sino cofres, cajas de metales. Entonces un poco la idea, la cultura que había acá en Salta a través de los metales, de la famosa platería colonial. Asimismo siempre me negué a hacer rastras, bombillas, mates, porque veía la platería como una cosa creativa, más extensa que eso, especialmente ese trabajo del platero colonial. Entonces yo trabajé en metales, pero llevado a un plano plástico, artístico».

ROKALCHAKI

Lo multifacético de Pancho Silva llegaba también a las creaciones musicales, siendo ellas parte de su despliegue artístico. Gustavo Kantor recuerda: «En un momento empezó a hacer música, si se podía decir que era música lo que hacía… Más bien la música empezó a aparecer cuando se asoció con Lulo Kristal. Pancho no era músico, pero Lulo empezó a ponerle música a todo ese delirio del Pancho, a ese juego muy libre. Pancho fue el creador del Rokalchaki», un estilo-movimiento musical-cultural, amplio y único.

Lulo Kristal, a partir de la casualidad de la vida que lo llevó hasta la casa de Silva en Cafayate, comenzará a darle forma a esa nueva idea musical. «Yo estaba con mis experimentos de tratar de hacer algo personal y con la música como un rock andino o algo así. Entonces me dice el Pancho: ‘Voy a buscar una guitarra’, fuimos a buscar la guitarra y traía un bombo hopi, que es lo que él tocaba. Entonces empecé con un par de temas que hacía en esa época, y me dice: ‘Yo hago lo mismo que vos con el bombo’, y me presentó sus canciones. Ahí empieza a nacer el Rokalchaki».

«El Rokalchaki es una idea musical nueva, es un ritmo nuevo que no tiene algo definido. Hay a quien le parece oscuro, otro que le parece que tiene que ver con lo folclórico… lo que sí hace la identidad del Rokalchaki es que tiene un ritmo, como una ‘cabalgata’ con el bombo hopi, ese es el latido de Pancho, que siempre decía ‘una cabalgata, a cabalgar, a cabalgar'».

Gustavo Kantor recuerda simpáticas anécdotas compartidas junto a Silva y sus delirantes creaciones musicales: «Él tenía su bombo hopi y mientras lo tocaba te miraba… ‘Nunca fuissstes, nunca entrassstes, a la quebrada de Cafashate…’, y el estribillo decía: ‘Y los loros (y hacía ruido a loro)’… ese era el Pancho Silva», comenta entre carcajadas.

Lulo Kristal hoy continúa el legado que le entregó como posta Silva, el Rokalchaki sigue vivo y latente. «Él me decía: ‘Tenés que seguir’… era un viejo brujo y un artista completo. No era un músico académico, sino que tenía el concepto de la música, que para mí es tan importante como si fuese académico o más».

Último recital de Rokalchaki. En Casa Árbol, Cafayate (PH: gentileza)

UN TAL PATRICIO REY

El exguitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Skay Beilinson, conocía a Silva desde la época en que, con su compañera Poli, viajaron a Salta a trabajar en unos campos familiares en la localidad de El Tunal y, al mismo tiempo, para resguardarse de la dictadura militar que acechaba el país, en especial la ciudad de La Plata.  

En una entrevista de 2013 con la revista Rock Salta, comenta: «En realidad Patricio Rey ya existía. Lo que pasa es que siempre decíamos que Patricio Rey era una entidad, una idea, fuerza que por ahí encarnaba en cualquier personaje, por lo general los más locos. Y Pancho Silva en aquel momento -ahora hace mucho que no lo vemos- estaba realmente loco, loco, loco. Una locura preciosa. Se fue a vivir allá: macrobiótico empedernido, un artista, un artesano de la hostia, de los mejores. Y tenía una locura muy particular, entonces a veces yo decía: ‘Lo encontré a Patricio Rey en Salta, vengan a verlo'».

Por su parte, Carlos «Indio» Solari relata en su libro de memorias «Recuerdos que mienten un poco»: «Cuando nos separamos por primera vez, Skay y Poli se fueron a administrar un campo en Salta y conocieron a Francisco ‘Pancho’ Silva, que era un personaje. Les llamó la atención. ¡Era un loco de la guerra! Hacía artesanías muy lindas, que le compraban hasta en la embajada alemana. Cada vez que venía desde Salta aparecía cantándole a Iototo y Aholi, dos dioses que iban a venir en una nave espacial a traer nuevos cereales».

En medio de esta semblanza de quien fuera, o pudiera ser, Patricio Rey, Ricardo Cohen (Rocambole), ilustrador y parte de la cofradía ricotera, comenta a principios de 2017 para la revista Almagro: «Él siempre estuvo pensando y dando las directivas que nosotros después hacíamos. Él vive ahí, en Cafayate. Se llama Pancho Silva. Está vivo. Vende sus artesanías en la plaza, como lo hizo toda la vida».

En este mismo sentido, su amigo y colega de banda en Rokalchaki, muestra otra visión: «A nosotros nunca nos importó demasiado el tema de si era o no Patricio Rey porque, si a alguien no le importaba, era a él».

Será por esta razón que Pancho Silva vivió en el anonimato, pero sin esconderse. Abundan las anécdotas de recitales del Rokalchaki en bares y hostales de Cafayate, Salta capital y diferentes lugares de Córdoba, siempre con Silva a la cabeza.

Abundan también los relatos que lo ubican «dando vueltas» por la ciudad de Salta, así como dicen ser cientos los que alguna vez le compraron una artesanía en la plaza de Cafayate, sin saber que aquella persona era portador, quizás, de una de las historias más transcendentales de la historia del rock y la contracultura de nuestro país.

Hace 77 años nacía Héctor Francisco Silva. Hace 77 años nacía quien fuera Patricio Rey, o las dos cosas, que son lo mismo porque se entrelazan en un mito fundante que lo eleva a través de los mágicos valles Calchaquíes hacia la eternidad.