
- Emiliano Zapata |
Una mujer iba a paso lento por las callecitas de tierra del pequeño poblado de Anenecuilco. Con el sol sobre la cabeza, caminó entre casas de adobe y chozas de palma, cultivos y laderas que nacían junto al río. Cuando llegó a la iglesia, fue hasta las sombras que formaban las arcadas y allí esperó sentada. Poco a poco fue llegando la gente y, cuando estuvieron reunidos, un hombre mayor del consejo tomó la voz. Dijo que habían convocado ese domingo, sin noticiar a los jefes, para comunicarles que ya no podrían hacerse cargo de los asuntos locales. La situación no daba para más, la crisis era demasiado grande y los terratenientes habían tomado el control de tierras y aguas. Aquel día, aunque aún no lo sabían, estaban a punto de dar un gran paso para transformar la historia.
Esa tarde de septiembre de 1909, ante el silencio desolador y las miradas apagadas, una persona se puso de pie para decir que había que elegir a alguien capaz de impulsar un cambio radical. Se propusieron varios nombres, pero un hombre de 30 años recién cumplidos fue el elegido. Se llamaba Emiliano Zapata, y si bien había tenido problemas con la ley cuando tenía 17, a nadie le pareció importante. No eran esas las cosas en las que se fijaban. Hacía mucho tiempo que luchaba en defensa de la gente, se movilizaba y participaba en protestas. El pueblo reunido estuvo de acuerdo y entonces Zapata dijo unas pocas palabras. Fue así que volvieron a sus casas con la esperanza de que, de una vez por todas, algo pudiera cambiar.
No mucho tiempo después, Zapata analizaba documentos sobre los derechos a la propiedad y expropiaba tierras protegidas por la policía, en beneficio de las familias campesinas. Desde ese día, el Gobierno lo tildó de bandolero y lo declaró enemigo. La prensa acompañó al dictador Porfirio Díaz y Zapata respondió que bandido no puede llamarse aquel que “fue despojado de su propiedad por un fuerte y poderoso”. Bandido, dirá, es el “despojador, nunca el despojado”. Era el comienzo de uno de los símbolos más grandes de la resistencia campesina y de la Revolución mexicana. Quien combatiría a las fuerzas armadas para convencer al pueblo de que era necesaria una reforma agraria y que, solo mediante el respeto a las comunidades, la división comunal de tierras y el fin de las oligarquías, sería posible una verdadera revolución. De otra forma, el futuro sería para los explotadores.
Líder del Ejército Libertador del Sur, dedicó su vida a la emancipación del pueblo humillado y a la conquista del derecho a que cada familia tuviese un lugar donde vivir y tierras para trabajar. Más de 100 años después de su nacimiento, sus luchas siguen vigentes, su nombre es sinónimo de resistencia y sus ideas continúan siendo un motor para los pueblos. Que tema quien haya explotado y despojado de tierras, aguas y montes a la gente, sostenía convencido: «que todo lo que no es suyo tendrá que devolverlo».
