PACO DE LUCÍA: PORQUE LA CULTURA NO SE SOMETE

Por Pol de Herrero |

«¡Ya no vas a sonar más!»
«¡Zurdo de mierda!»
España, 1976

El ambiente de la transición en España a solo un año de la muerte del dictador era de lo más extraño. Por un lado, se sentía la necesidad de querer respirar la libertad, por el otro, los humos asfixiantes del fascismo continuaban impregnando el aire volviendo así la respiración un acto casi imposible.

En este ambiente de pasaje, de transición, la democracia estaba bastante lejos de ser una realidad sólida y creíble. Todavía la derecha rancia y reaccionaria estaba atada a los últimos vestigios de un régimen moribundo. Muerto el perro, la rabia estaba todavía lejos de extinguirse.

«¡Ya no vas a sonar más!»

La libertad de expresión era relativa y podía costar bastante cara, como descubrió a su propia costa Paco de Lucía.

Paco de Lucía, un grande de la guitarra española…

Nació en Algeciras (Cádiz) en 1947 como Francisco Sánchez Gómez, en el seno de una familia gitana llena de guitarristas. Su padre le puso el nombre artístico de Paco de Lucía a los 12 años, para distinguirlo y homenajear a su madre portuguesa, Lucía. Fue un niño prodigio que apenas fue a la escuela; aprendió de forma autodidacta y bajo la férrea disciplina de su padre.

Formó, junto al cantaor Camarón de la Isla, la pareja artística más revolucionaria del flamenco del siglo XX. Revolucionó la técnica de la guitarra flamenca, introduciendo armonías de jazz, influencias brasileñas y una digitación sin precedentes. Descontextualizó el flamenco, llevándolo de los tablaos a los grandes teatros y festivales internacionales de música. Su composición «Entre dos aguas» (1973) se convirtió en un himno popular inesperado que cruzó todas las fronteras.

Vivió un intento de asesinato en 1976 en Madrid tras unas declaraciones no-políticas pero que fueron interpretadas como tales, un hecho que marcó su carácter reservado para siempre. Creó uno de los primeros y más importantes sextetos flamencos modernos, integrando bajo eléctrico, flauta y cajón peruano. Murió en 2014 en México, reconocido mundialmente como el guitarrista flamenco más grande e influyente de la historia.

«¡Ya no vas a sonar más!»

Camarón de la Isla y Paco de Lucía.

Pero centrémonos en el 1976 y en aquel ataque en el bullicio de la Gran Vía de Madrid. Paco de Lucía estaba en compañía de su, por aquel entonces, novia Casilda Varela (hija del general golpista José Enrique Varela). Es el 14 de diciembre y la Gran Vía está de lleno sumergida en la atmósfera de las navidades inminentes. Un grupo de entre ocho y nueve energúmenos atacan, de improviso y sin provocaciones previas, a la pareja.

«¡Ya no vas a sonar más!»

«¡Zurdo de mierda!»

Paco de Lucía intenta defenderse, obviamente, pero la superioridad numérica y la estupidez de sus contrincantes juega en su desventaja y pronto viene reducido y golpeado hasta perder el conocimiento.

¿Pero qué había pasado? ¿Qué había podido provocar semejante ataque en el medio de la vía más pública de la capital? Para entenderlo hay que retroceder unos meses, volver al febrero de 1976 y volver a escuchar una entrevista que el mismo Paco de Lucía tuvo la amabilidad de dar en el programa televisivo «La guitarra de Paco de Lucía», un especial de Jesús Quintero, en RTVE, enteramente dedicado al artista.

«¿Qué es lo más importante a la hora de sonar la guitarra, la derecha o la izquierda?».

«Bueno, la izquierda es la que hace música, la creativa. La izquierda es inteligente. Pero la derecha es la que ejecuta».

Fueron sólo unas pocas palabras en un contexto clarísimo: un programa musical, dedicado a un músico excepcional y donde se habla de música. Pero la ultraderecha española, la que había aterrorizado el país cerca de cuarenta años, vio en estas palabras algo más. Algo subversivo. Algo peligroso. Algo que merecía un castigo ejemplar.

«¡Ya no vas a sonar más!»

«¡Zurdo de mierda!»

Necesitaron meses para asimilar los conceptos, para hacer las necesarias conexiones, para tener una comprensión lectora (o en este caso auditiva) de lo que de verdad quería decir Paco de Lucía. Los seres mononeuronales tienen sus tiempos. Y luego hicieron lo único que saben hacer. Ocho, nueve individuos atacaron a una pareja inerme en el centro de la ciudad.

A Paco de Lucía lo querían muerto. Le pisaron las manos para que así no pudiera volver a sonar nunca jamás. Quisieron romper lo que Lorca llamó ‘las cinco espadas’ del corazón-guitarra.

«¡Ya no vas a sonar más!»

Paco de Lucía sobrevivió al ataque. Nunca denunció el hecho. Contrariamente a lo que los atacantes esperaban, volvió a hacer música. Revolucionó el flamenco, cosechó éxito a nivel universal, pero en España siempre fue mirado por encima del hombro. En algunos círculos de su propia tierra fue mirado con recelo mientras el mundo lo aclamaba.

La cultura no se somete, por eso el fascismo la teme de esa forma.

Y para acabar, nada es más certero que una poesía de Federico García Lorca:

La guitarra

Empieza el llanto

de la guitarra.

Se rompen las copas

de la madrugada.

Empieza el llanto

de la guitarra.

Es inútil callarla.

Es imposible

callarla.

Llora monótona

como llora el agua,

como llora el viento

sobre la nevada.

Es imposible

callarla,

Llora por cosas

lejanas.

Arena del Sur caliente

que pide camelias blancas.

Llora flecha sin blanco,

la tarde sin mañana,

y el primer pájaro muerto

sobre la rama.

¡Oh guitarra!

Corazón malherido

por cinco espadas.

Y Paco, con las manos vendadas, volvió a tocar. Porque la guitarra, como dijo Lorca, es ‘imposible callarla’. Llora por cosas lejanas. Como la libertad. Como la justicia. Como un país que aprendió, entre golpes y notas, que la cultura no se somete. Nunca.

«¡Ya no vas a sonar más!»

«¡Zurdo de mierda!»

La cultura no se somete, por eso el fascismo la teme de esa forma.