BOLIVIA, 1952

  • La Revolución boliviana |

Una revuelta popular avanzaba por las calles de Bolivia rumbo al Palacio de Gobierno en La Paz. Era julio de 1946 y buscaban a Villarroel, quien 3 años atrás había tomado el poder tras un golpe de Estado. Sin éxito, el presidente de facto había intentado mantener la calma social mediante una inestable alianza entre bandos opuestos. Ahora, sin promesas de mejora, la crisis se traducía en violencia sacudiendo el país. Ese día, Villarroel sería sacado del Gobierno por una parte pueblo, arrastrado por una plaza y colgado muerto en un farol. Entre levantamientos, proscripciones y masacres, ya no era posible contener a las masas. Por eso, en 1951 se convocó a elecciones. El MNR triunfó, pero a la Junta Militar no le gustaron los resultados.

Con los comicios anulados y el líder del MNR, Paz Estenssoro, exiliado en la Argentina, la madrugada del 9 de abril de 1952, una parte de la población se levantó en armas. El ejército responderá bombardeando barrios y exigiendo la rendición sin garantías. Sin embargo, cuando todo parecía nuevamente bajo control militar, el pueblo comenzó a ocupar las calles. Pese a que la violenta represión no daba tregua, la gente tomó cuarteles, comisarías y gran parte de la cuidad. Comenzaba una de las más importantes revoluciones del continente.

En la madrugada del 11, grupos mineros empezaron a descender de los cerros y a rodear La Paz. Cada persona llevaba consigo cartuchos de dinamita, cientos de cargas listas para hacer volar a los enemigos del pueblo. Mientras avanzaban por las calles, fueron lanzando los explosivos a las tropas que, acorraladas, comenzaron a retroceder. Con el paso de las horas, varios regimientos se fueron rindiendo y dejando sus armas atrás mientras huían. Tras el regreso de Paz Estenssoro, el 17 se crea la Central Obrera Boliviana, una organización única de trabajadores y trabajadoras que nacía del calor de la revolución.

Con postulados que iban desde reformas agrarias y educativas hasta la derogación de medidas militares y la nacionalización de empresas, el pueblo se alzaba para hacer justicia. Además, se reduciría el ejército y se recortaría su presupuesto, reemplazándolo por milicias populares obreras y campesinas. Eran nuevos tiempos para un pueblo boliviano que, además, conquistaba el derecho al voto universal. Con el paso de los años, un nuevo Gobierno traería nuevos planes de estabilización importados desde los Estados Unidos. Poco a poco, Bolivia era arrastrada hacia el cause imperialista. Para 1964, los militares harían un nuevo golpe de Estado y bombardearían campamentos mineros. A fuerza de masacres, terminaba el proceso de la revolución. A pesar de tanto, al pueblo boliviano nunca lograrían doblegarlo. Décadas después, continúa de pie siendo ejemplo de una lucha que aún hoy perdura.