PARTE DE LO QUE FUI

  • Sobre el poema de Alejandro, hijo de Taty Almeida, antes de ser secuestrado |

Alejandro llegó al departamento y se encontró con Fabiana, su hermana. Era una tarde de abril de 1975 y no fue difícil para ella notar que algo raro pasaba. Él le contó que había visto un auto en la puerta del edificio que le había parecido sospechoso y le pidió que, mientras salía, observase desde el balcón si lo seguían. No había pasado aún un año de aquel día de junio de 1974 en el que, tras escuchar hablar a Tosco, Ortega Peña y Frondizi en un congreso del FAS, había comenzado su camino hacia la organización liderada por Santucho. Antes de bajar, Alejandro le dio a su hermana un poema que había escrito para su madre, Taty. Le pidió que lo guardara. Solo por las dudas. Al rato, Fabiana se asomó por la ventana y lo vio aparecer caminando por la vereda. Y sí, efectivamente lo seguían.

Desde que había ingresado al ERP, si bien se vio obligado a pasar a una semiclandestinidad, intentó continuar con su vida lo más normalmente posible y mantuvo su empleo. Tiempo atrás se había anotado en para estudiar Medicina en la UBA y había conseguido trabajo en el Instituto Geográfico Militar. Tenía 24 poemas escritos hasta ese momento, había creído en el poder de transformación social del pueblo peronista y, desde su militancia anterior, mantuvo contactos con Montoneros. Tras lograr una reunión con el PRT, según lo poco que se sabe, formó parte de la organización sin previo paso por la Juventud Guevarista.

Contará Taty que, la noche del 17 de junio de 1975, a las 20:30, Alejandro se asomó desde el living y le dijo que al día siguiente no iría a trabajar porque tenía parcial: “Esperame, mamá, que ya vengo”. Ella le pidió que no se demorase porque la cena estaba casi lista. Luego, lo vio cruzar la puerta. Pasaron los minutos, las horas, los días, y Alejandro nunca volvió. Taty averiguaría en los círculos militares hasta el cansancio, pero nunca obtuvo respuesta. Nadie le brindó información alguna. Como sabría tiempo después, su hijo había sido secuestrado por la Triple A, una de las 2000 personas detenidas y desaparecidas.

Días más tarde del secuestro, Taty leería el poema que Alejandro había dejado para ella. Lo había escrito el 13 de febrero, casi como una despedida, un augurio de los tiempos que empezarían a correr. Entre sus palabras, decía:

“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre,
porque para vos los tres seguimos en él,
si me sorprende lejos de tus caricias
que tanto me hacen falta,
si la muerte me abrazara fuerte
como recompensa por haber querido la libertad,
y tus abrazos entonces solo envuelven recuerdos,
llantos y consejos que no quise seguir,
quisiera decirte mamá que parte de lo que fui
lo vas a encontrar en mis compañeros”.