NUESTRA ÚLTIMA ESPERANZA

  • La denuncia de las Madres de Plaza de Mayo a la prensa holandesa en plena dictadura |

Como cada jueves desde hacía poco más de un año, Marta Moreira de Alconada preparó sus cosas y partió rumbo a la Plaza de Mayo. En el trayecto, seguramente, se cruzó con policías y militares que vigilaban celosamente los barrios. Ese día, en el estadio de River Plate, comenzaba el mundial de fútbol con la Argentina como anfitriona. Polonia se enfrentaba a Alemania Federal y la prensa internacional comenzaba a recorrer las calles de la capital. A la vista del mundo, parecía ser una gran oportunidad entre tantas noticias que llegaban a Europa sobre campos de concentración o desapariciones forzadas. Por la tarde, Marta se encontró con las otras madres, sacó su pañuelo y comenzó su ronda.

Ese jueves, un grupo de periodistas holandeses decidieron ir hacia la icónica Plaza de Mayo. Era el 1º de junio de 1978 y frente a las cámaras se reflejaría lo que los medios argentinos llevaban tiempo escondiendo. Al ver a la prensa internacional allí, algunas madres se acercaron rápidamente para aprovechar un momento único: era la chance de denunciar lo que los militares estaban haciendo. Entre ellas, Marta Moreira de Alconada se adelantará y tomará la voz ante el periodista holandés. Uno de sus hijos, Domingo, había sido secuestrado el 22 de diciembre de 1976 y nunca había vuelto a saber de él.

Con su pañuelo blanco y un cartel que decía: “Queremos saber dónde están nuestros hijos», hablará ante las cámaras: «Les podemos asegurar que hay miles y miles de hogares sufriendo mucho dolor, mucha angustia. (…). No sabemos si están enfermos, si tienen frío, si tienen hambre, no sabemos nada. Y desesperación, señor. Porque ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias, en todas partes se nos han cerrado las puertas. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza, por favor, ayúdennos”.

En ese momento, la policía comenzaba a aparecer entre las cámaras y una mujer le daba al periodista una carta que le habían enviado a los jugadores argentinos contando lo que estaban viviendo y otra que denunciaba robos y torturas por parte del ejército para que informase el paradero de su hijo. «No queremos a uno, queremos todos los hijos de todas las madres», dirán. Mientras tanto, la orden de «circulen, circulen» se repetía de fondo. Días después, la cinta viajaba al exterior y sus historias empezaban a escucharse. En la Argentina, la dictadura secuestraba, torturaba y desaparecía personas. Se estaba intentando acabar con una generación, matar un ideal, implantar un plan político, económico y social que debía perdurar, aun en una futura democracia. Frente a las cámaras, cara a cara con un policía y desbordada de indignación, una madre dirá a la prensa: «¿No ve que dice que tenemos un mundial en paz?, ¿estamos mintiendo que nuestros hijos desaparecieron?».