LA CAZA DE LAS IDEOLOGÍAS

  • La Ley de Residencia |

El sueño de unos pocos estaba en marcha. La sangre de esos «indios asquerosos» e «incapaces de progreso», como le gustaba definir a Sarmiento a quienes caminaban estas tierras desde hacía siglos, ya corría por entre las montañas y lagos del sur. Ese exterminio providencial que sostenía imprescindible, finalmente, se haría realidad. Y no solo eso, sino que, tal y como había pedido, ni siquiera se perdonaría «al pequeño». La oligarquía parasitaria argentina comenzaba a hacerse cada vez más fuerte y, con el botín distribuido entre pares, Julio A. Roca daba un gran paso para construir la nación que tanto anhelaban. El genocidio estaba hecho, pero esta fiesta recién arrancaba.

Con el país partido y repartido, ahora, las puertas se abrían al mundo. Al fin y al cabo, alguien tenía que trabajar las tierras conquistadas. Sin embargo, con los miles de familias de inmigrantes, además de la mano de obra barata, llegaba la lucha y el sueño de la dignidad. Como respuesta a este nuevo problema, la oligarquía ofrecería un banquete de represión y violencia: nacería así la que es, tal vez, la ley más cruel de nuestra historia. Comenzaba la caza de las ideologías. Así, el 22 de noviembre de 1902, durante la presidencia de Roca, se sancionaba la Ley Nº 4144, más conocida como Ley de Residencia.

Esta ley otorgaba al Estado la potestad de expulsar del país, sin juicio ni aviso previo, a “todo extranjero que comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. O, en otras palabras, se deportaba a todo aquel cuya ideología atentara o estuviera en contra del status quo. Pero las brutalidades no terminaban ahí. Entre las características más perversas que tenía esta ley, estaba el hecho de que se expulsaba solamente al hombre y, en el caso de que tuviera familia, la mujer y sus hijos o hijas quedaban en el país. Solamente unas pocas «peligrosas» fueron deportadas. Lo que se buscaba era que el trabajador lo pensara dos veces antes de involucrarse en sindicatos o participar de alguna huelga. Al igual que en tiempos de dictaduras militares, el foco estuvo puesto en grupos específicos y se apuntó a dirigentes, anarquistas y socialistas que se consideraran en contra del ser nacional. Costumbres que la Argentina supo mantener.

A pesar de la crueldad, la ley sobrevivió a muchos Gobiernos, democráticos y dictatoriales, y hasta superó el filtro de la reforma de 1949. Recién en 1958, más de medio siglo después, sería derogada. Cientos y cientos de familias fueron separadas, miles de personas fueron perseguidas y deportadas. Con el paso de las décadas algunas formas cambiaron, pero aquel plan que la Generación del 80 puso sobre la mesa mantuvo su esencia. Hoy, aquellos sectores que festejaron las masacres y construyeron sus riquezas sobre los huesos del pueblo siguen siendo los mismos que ostentan el poder. Una cuenta pendiente que exige que, algún día, haya justicia.